viernes, 13 de noviembre de 2020

Atmósfera

La sensación de calor templado es abrumadora. Hay algo incómodo hoy, no sé qué es, pero resulta suficiente para mantenerme en un ambiente como lánguido, esterilizado, carente de sentido.

Oigo voces en mi cabeza: “¿Lo tienes hecho ya?”, “¡Corre, que desaparece!” Inteligibles, difuminadas. No sé qué estoy escribiendo, pero parecen una película, un audio lejano, un rumor, sobre todo un eco. Una sensación húmeda y seca a la vez me recorre la nariz, mi rostro se ve blanco, y la luz pasa a través de lo traslúcido con un ligero reflejo verde.

Me apartaron como si estuviera maldita. Tal vez lo esté, pero no como quería estarlo. Hay muchos tipos de maldiciones.

Un sonido continuo, estático y aéreo, un mundo blanco, verde, naranja allá fuera. Quiero escapar porque no estoy cómoda, pero no se puede escapar de nuestro propio cuerpo. Una opresión en el pecho que no sé lo que es, porque no está ahí, está dentro, muy dentro; tal vez solo esté en mi imaginación.

En los pliegues de la vida, en las esquinas y los extremos curvos, todo aparece con una distorsión, y cuando creo que me siento mejor vuelve la incertidumbre. También hay algo de azul; sin embargo, no es mi azul favorito. Los colores cambian según la parte del caleidoscopio que estoy utilizando.

Fragmentos cálidos suspendidos en la atmósfera, que de algún modo creo que es irreal. Estoy ignorando el amarillo, el ritmo, el aliento. Busco algo que me haga sentir humana de nuevo, pero no puedo.

Hace mucho tiempo que dejé de intentar escribir lo indescriptible.

lunes, 15 de junio de 2020

Mentiras

Dijiste que yo podía ver, que el mundo era una niebla negra, y que solo algunos tenían la luz en los ojos.

Dijiste que yo podía oír, que nadie más podía gritar al oír cuartas aumentadas, que yo era capaz de percibir la cuerda.

Dijiste que yo podía tocar, sentir el aire descomponiéndose, raudo, a cada paso que daba, apenas rozando entre mis yemas su seda.

Dijiste que yo podía oler el perfume de la hierba tras la tormenta, que podía disfrutar de las gotas y los rayos aun cuando estos todavía no habían empezado a caer.

Dijiste que yo podía saborear, que el agua es diferente cada vez, que había algo dulce en todos los males que me amargaban, y que el sufrimiento, el dolor que manaba de mis heridas, podría ser bonito y no un simple sabor metálico.

Dijiste todo eso, pero es mentira. Quizá me falte el sentido más importante, el del equilibrio. Yo veía, oía, tocaba, olía y saboreaba cosas que no existían. En realidad estoy ciega, sorda, muda, inválida. Estoy cerrada a la realidad... pero abierta a una fantasía.

jueves, 7 de mayo de 2020

Arte roto

Arte roto.

Maldita sea, arte roto.

Palabras borradas para siempre del Universo, que ni la información logrará recuperar. Las teclas suenan, furiosas. Sus golpes podrían quebrantar el diamante.

Arte roto. Maldita sea, es verdad. Es real. Ojalá se tratara de una pesadilla. Pero no, oigo los golpeteos. Esto no me puede estar pasando a mí.

Errores, fallos, pero también belleza. Todo desaparecido, borrado.

Horror. Lágrimas.

Es tan dolorosamente real.

Hoy es uno de esos momentos en los que mi cabeza no entiende a mi pecho. Hay una bomba en mi corazón que me obliga a ametrallar letras para tratar de recuperar lo que perdí.

Arte roto, y con cada bala pierdo una célula del corazón.

Más lágrimas.





Si no hubiera ocurrido no hubiera escrito esto.

Pero prefería mi arte antes de que me lo rompieran.

viernes, 17 de abril de 2020

Regalos

Aunque las nubes han cubierto el cielo jade con una capa blanca, hoy brilla el sol.

No sé cómo, pero hay mariposas en mi balcón. Han debido de escuchar tu risa, la misma que se ha colado por mis oídos y me ha inundado de dicha. O a lo mejor ha sido el viento. Últimamente, el aire no solo se lleva palabras y promesas rotas; también trae regalos.

Sí, un regalo puede ser un rayo de luz atravesando el cielo. Un regalo puede ser una sonrisa, o un color bonito. O también un llanto.

Pero mientras contemplo las mariposas danzando, me doy cuenta de que no basta con que te den algo nuevo para que sea un regalo.

Hay que querer recibirlo.

viernes, 13 de marzo de 2020

Contracorriente

¿Dónde estás?

Corro entre la multitud. Fijo mis ojos en uno, en otro... Son todo sombras vagas, sonrisas difusas, alguna que otra lágrima que corre, vuela, grita, llora ella sola, se frustra, salta de rama en rama... No te encuentro, maldita sea. No te veo por ninguna parte. 

¿Dónde estás?

Estoy temiendo perderte, y no quiero. Correr me hace ser vulnerable, pero lo sigo haciendo. Corro, y corro verdadero peligro. Tengo que encontrarte ya, antes de que todo sea tarde, antes de que el sol se ponga, antes de que nos quedemos sin gotas, sin lágrimas...

¿Dónde estás?

El viento es fuerte y me hace retroceder. La gente se choca en mis hombros, me zarandea. Miles de manos tratando frenarme... en vano. Quiero volver a estar contigo, localizarte de una maldita vez. No reconozco tu cabeza, ni tus ojos, ni tu mirada en ninguna parte. Lloraría, si no lo estuviera haciendo ya.

¿Dónde estás? 

A veces pienso que te ríes de mí. A veces pienso que te escondes a propósito. Pero no puede ser, jo, te estoy buscando y no te veo. No puedo resistir más, lo siento tanto... Cada segundo cuenta, cada segundo es una vida y cada vida cuenta. Pero la mía no. Me deshago entre la multitud.

¿Dónde estás?

Yo, en ninguna parte. Mi lucha ha terminado.


...

PD: Dada la situación, quizás sería buena idea volver a leer el Romance de la luna blanca.

jueves, 30 de enero de 2020

Niebla

Es cuando el cielo se torna gris... Esos días cerrados, ese aire frío. Esas gotas de lluvia deslizándose silenciosas por los tejados. Ese aura de misterio en la profundidad, ese horizonte inalcanzable, esa niebla de cenizas cuando las nubes tocan la tierra...

Ella dice que es cuando el cielo se torna gris. Cuando la gente tiene miedo de lo blanco y se esconde en su casa; cuando los cuervos descansan sobre las verjas de hierro oxidado; cuando suena la melodía del silencio, como un pitido en los oídos, suspendida en el vacío.

Cuando parece que va a llover pero no lo hace.

Ella dice que es entonces cuando despierta. Siente la sangre hirviendo en sus venas y un brillo salvaje en sus ojos negros. Le gustan los días azules, el agua que cala, el manto de la lluvia. Le gusta el añil pero se despierta con el gris.

Hoy, el cielo está pintado a rayones de diferentes blancos. Hay musgo entre las baldosas. El aire azota mi abrigo rojo, pero no mi pelo. Tengo los labios partidos y no me escuece la sangre, sino el alma. Una capa blanca me separa del mundo. Pienso que es romántico; aún así, no cierro los ojos.

En el centro de la calle está ella, sola. Su cabellera negra se oculta en la niebla. Está temblando, no ha traído paraguas. Una luz atraviesa el cielo.

De pronto, como una revelación, entiendo qué hace en el blanco.

Está esperando al azul.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Nieve de espuma

Son las olas del mar las que nunca regresan. Y tu cuerpo está ahí, meciéndose en la orilla, cerciorándose de que es cierto. Igual que nunca regresaron las golondrinas o las madreselvas.
La espuma sigue su curso, y por un instante ansías ser la sirenita. Pero no: tienes un cuerpo fijo. Y el tiempo va avanzando y marca con su huella todo lo que toca.
Ahora que sabes que las olas del mar nunca regresan, algo dentro de ti empieza a nevar.
¿Dejarás que eso te hiele o volverás a la espuma?