La sensación de calor templado es abrumadora. Hay algo incómodo hoy, no sé qué es, pero resulta suficiente para mantenerme en un ambiente como lánguido, esterilizado, carente de sentido.
Oigo voces en mi cabeza: “¿Lo tienes hecho ya?”, “¡Corre, que desaparece!” Inteligibles, difuminadas. No sé qué estoy escribiendo, pero parecen una película, un audio lejano, un rumor, sobre todo un eco. Una sensación húmeda y seca a la vez me recorre la nariz, mi rostro se ve blanco, y la luz pasa a través de lo traslúcido con un ligero reflejo verde.
Me apartaron como si estuviera maldita. Tal vez lo esté, pero no como quería estarlo. Hay muchos tipos de maldiciones.
Un sonido continuo, estático y aéreo, un mundo blanco, verde, naranja allá fuera. Quiero escapar porque no estoy cómoda, pero no se puede escapar de nuestro propio cuerpo. Una opresión en el pecho que no sé lo que es, porque no está ahí, está dentro, muy dentro; tal vez solo esté en mi imaginación.
En los pliegues de la vida, en las esquinas y los extremos curvos, todo aparece con una distorsión, y cuando creo que me siento mejor vuelve la incertidumbre. También hay algo de azul; sin embargo, no es mi azul favorito. Los colores cambian según la parte del caleidoscopio que estoy utilizando.
Fragmentos cálidos suspendidos en la atmósfera, que de algún modo creo que es irreal. Estoy ignorando el amarillo, el ritmo, el aliento. Busco algo que me haga sentir humana de nuevo, pero no puedo.
Hace mucho tiempo que dejé de intentar escribir lo indescriptible.
