6 de noviembre de 2019
Hoy ha empezado el proyecto "Clásicos en la mochila" que estamos realizando con los alumnos de 3º de Infantil.
En mi caso, mi ahijado se llama Álvaro. Ha sido un gusto conocerlo, y seguro que nos esperan grandes aventuras juntos.
Como es el primer día, nos han dado las credenciales que podremos ir sellando conforme visitemos las distintas etapas de la historia de la literatura (empezaremos por la Edad Media). En el tríptico hemos puesto nuestros nombres y firmado con la fecha. Aunque cada uno tenía el suyo, nos hemos escrito mutuamente y hasta hemos pintado en la portada y la cara trasera un corazón.
La parte más divertida del día ha sido cuando hemos dibujado nuestro propio escudo. Como buenos caballeros medievales, ¡no nos podía faltar! El nuestro es un escudo de damas según los patrones de la heráldica; es decir, tiene forma ovalada o de elipse. Lo hemos dividido en cuatro partes, cada una de un color: rojo, amarillo, azul y verde.
En la esquina superior izquierda hemos pintado un par de hojas (en principio iban a ser una flor); a continuación, la A con una tilde bien grande de Álvaro. Debajo, tenemos una P para mí y un león de color naranja y melena verde, porque es el animal favorito de mi ahijado.
Él también ha pintado el escudo en su tríptico, y a ambos nos gusta mucho cómo nos ha quedado.
En esta sesión del proyecto he aprendido sobre heráldica, porque me he puesto a buscar información sobre las formas que puede tener un escudo. También he descubierto que es muy fácil crear un símbolo que te permita conectarte con alguien, y que todos los niños son artistas a su manera y es nuestro deber ayudarles para que conserven esa ilusión durante toda su vida.
13 de noviembre de 2019
¡Hoy ha sido un gran día! La alegría de los niños cuando les hemos dado el estandarte no tenía precio.
La idea es que ellos lo lleven a nuestra clase cada vez que vengan, y viceversa. El estandarte es de goma EVA, verde y naranja, y representa una torre y un dragón rojo volando sobre ella. Como lo he hecho yo, no sabía si había quedado del todo bien, pero a los de Infantil les ha encantado, con lo cual ha merecido la pena.
La actividad del día consistía en que cada niño traía un libro de caballeros o princesas, y lo hemos estado leyendo juntos. El de mi ahijado era de Playmobil, y contenía información sobre la vida en la Edad Media, las personas que vivían en esa época, algunos personajes famosos (Ricardo Corazón de León, el Rey Arturo...), un cómic protagonizado por los caballeros de Playmobil y actividades muy divertidas sobre lanzas y dragones.
Tras eso, hemos firmado la credencial y pintado un dibujo de los personajes de la portada del libro. Me ha dado mucha pena despedirme de mi ahijado, y ya tengo ganas de que sea miércoles otra vez.
He aprendido que nunca se es demasiado pequeño para abrir la mente a algo nuevo, y que a lo mejor un borrón verde es un estupendo retrato en la mente de otra persona. He averiguado también más cosas sobre Ricardo Corazón de León: no sabía que había participado en la Tercera Cruzada o que fue arrestado por el duque de Austria; además de descubierto los escudos de Francia e Inglaterra en aquella época.
20 de noviembre de 2019
Los juglares de la Edad Media tenían una gran tarea entre sus manos: cantar las hazañas de los héroes. Y no era nada fácil, como hemos podido comprobar hoy con nuestros ahijados.
Porque sí, nos hemos convertido en juglares por un día, y hemos acudido disfrazados a la clase de los niños con nuestro estandarte. Había quien llevaba un sombrero, una flauta, un mono de peluche... En mi caso, una capa marrón, y no podía faltar mi viola, que toqué como si fuera una vihuela, al estilo medieval.
Les explicamos lo que eran los juglares, y después le conté a mi ahijado la historia de Mio Cid y cantamos una pequeña canción que había ideado con la melodía de una de las cantigas de Alfonso X: "Viva el Cid, héroe de Castilla. Viva el Cid, que lucha de maravilla."
A mi ahijado le gustó mucho la historia de los infantes de Carrión y el león; de hecho, este es uno de sus animales favoritos. Dibujamos uno de ellos bien grande, y le pusimos un leoncito a su lado para que fuera su hijito. Firmamos las credenciales y también hicimos algún cambio en nuestros escudos, que han quedado aún más bonitos.
He aprendido que los animales resultan muchas veces más atractivos que las personas, y es algo que se puede aplicar a muchos ámbitos de la vida, más allá de los cuentos.
También he aprendido que la música puede controlar personas; pero no sé por qué me sorprendo, si se supone que ya lo sabía.
18 de diciembre de 2019
Después de tanto tiempo, por fin he podido volver a ver a mi ahijado hoy. Estaba emocionado y muy contento, y yo también, porque sabía que la actividad que tocaba iba a ser bonita y divertida.
Nos hemos puesto en grupos de cuatro ahijados. Los padrinos ya habíamos convertido un fragmento del Cantar de Mio Cid en un romance. Nuestra tarea era enseñarles a los niños el poema, para así poder recitarlo en un pequeño concurso. ¿Qué grupo ganaría? ¡Queríamos que fuera el nuestro! Así que nos pusimos manos a la obra.
El romance puede verse en la página de la Edad Media. Nuestros ahijados lo han tenido bastante difícil: debían aprenderse nada más y nada menos que cuatro versos. En concreto, a Álvaro le ha tocado recitar los que eran mis favoritos:
Los pendones y las lanzas
bien los van utilizando,
porque van hiriendo a unos
y a los otros derribando.
Lo hemos puesto en esa letra para que fuera atractivo para los niños pequeños. ¡Y la verdad es que ha funcionado! Aunque las palabras eran difíciles y no era un texto sencillo de comprender, los niños se lo han aprendido muy bien. Lo hemos repetido varias veces juntos, y enseguida mi ahijado se lo sabía. De hecho, no se ha olvidado de los versos ni siquiera después de haber firmado las credenciales y haber jugado un poco con sus amigos.
Yo también he tenido que aprenderme un verso junto con mis compañeros de clase. Como padrinos, no íbamos a dejar que nuestros ahijados actuaran solos. Por eso memorizamos el final, recitando cada uno un verso. El mío decía:
A la prisión lo han llevado.
Aunque, bueno, sin contexto no es que se entienda mucho. En realidad no hicimos más porque no queríamos restarle protagonismo a nuestros ahijados, que eran los verdaderos héroes de esta historia.
¡Al fin había llegado el concurso! Hemos sido el segundo grupo en actuar, y a pesar de que el nivel era exigente (el resto de la clase también se lo había preparado genial) creo que lo hemos hecho bastante bien. Los ahijados han dado lo mejor de sí, y hasta teníamos un micrófono que íbamos pasando al que recitaba. Al final, hemos recibido muchos aplausos. ¡Y los niños se lo han pasado muy bien!
Cuando todos los grupos habían terminado, el jurado (los profesores) dio su fallo. Avisaron de que el nivel había sido muy alto y les había costado mucho determinar un vencedor. Y, tras el redoble de tambor, dijeron que había ganado... ¡Toda la clase! Lo habíamos hecho tan bien que les había sido imposible elegir. ¡Los niños estaban eufóricos! Había sido muy divertido.
Los pequeños también han recitado el poema navideño sobre los Reyes Magos que estaban preparando, y les salía de maravilla. Al final, en el momento de la despedida, mi ahijado me ha regalado un dibujo que había coloreado para felicitarme la Navidad. ¡Qué bonito! Gracias, Álvaro, lo guardaré con mucha ilusión.
Y de esta experiencia he sacado mis conclusiones: en primer lugar, que debemos aprender de los niños porque no tienen envidia y se toman de una forma bastante madura el tema de las competiciones; en segundo lugar, que es más fácil memorizar algo si rima y, sobre todo, si tiene un ritmo claro; y también he aprendido que hacer poesía con alguien crea un vínculo más grande que hacer el tonto. ¡Que no se me olvide!
22 de enero de 2019
Le he traído a mi ahijado de mi viaje a Italia un pequeño Pinocchio de madera, un juguete típico de allí. También le he escrito nuestro viaje como si fuera un cuento, con fotografías y un dibujo de Pinocchio para colorear.
Después de tanto tiempo sin vernos, la sesión de hoy ha sido divertida y muy esperada. Tras compartir impresiones sobre las Navidades y la excursión a Italia, hemos hablado sobre Cervantes, el autor de una de las novelas más leídas del mundo: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.
Los profes nos han puesto esta canción en la que se representan los momentos más importantes de su vida, y, tras leer un pequeño texto sobre el escritor (bueno, Álvaro lo ha leído él solito, ¡es todo un campeón!), hemos coloreado juntos un dibujo de Cervantes.
La gorguera era de oro; su chaqueta, verde; la camiseta que llevaba debajo era roja, y la pluma que sostenía en su mano buena era marrón, ¡porque era de oca especial! Nos lo hemos pasado muy bien coloreando: íbamos descubriendo diferentes formas y veíamos lo distinta que era la vestimenta de la época.
Para terminar, firmamos las credenciales. Álvaro seguía entusiasmado con su juguete: ¡le ha gustado mucho! Aunque otros niños tenían chuches y materiales para pintar, creo que ha sido una buena elección el Pinocchito. ¡No todo el mundo tiene un muñeco con la bandera de Italia que ha viajado en avión!
He aprendido otra forma de llamar a mi querido Cervantes; y he de decir que Príncipe de los ingenios suena más que inspirador... También he recordado que, en el fondo, lo importante de un regalo es el detalle, quién te lo da; porque así podrás acordarte siempre de esa persona. No está de más decir que, aunque un canal de YouTube saque una canción que te parezca magnífica, eso no significa que el resto de su contenido sea igual de exquisito...
5 de febrero de 2020
Hoy ha sido un día muy especial. Hemos vuelto a ver a los ahijados, y esta vez han venido ellos a nuestra clase, con el estandarte. Se los veía contentos y emocionados. Los sentamos sobre nuestras piernas (o en sillas robadas de los sitios libres) y empezamos la sesión de hoy.
Yo le di a mi ahijado una pegatina de una copa dorada, que ponía "lo voy a conseguir", para felicitarle por haber quedado el primero en la carrera de Don Bosco. Sí: Álvaro había vencido a todos los niños de su clase y se había alzado con la victoria. ¡Enhorabuena!
Hoy íbamos a trabajar con el famoso fragmento de Don Quijote de los molinos de viento. Para ello, nos dieron un cómic como este:
Modulé mi voz con cada personaje para hacerlo más divertido. A mi ahijado le encantó, aunque le gustó mucho más la siguiente actividad.
¡Consistía en hacer un molino de viento! Usamos plastilina blanca, la manoseamos para calentarla, y con ella hicimos un cilindro. Quedó un poco sucio, pero no pasaba nada, porque así imitaba la piedra del molino. Una vez que teníamos la base, con plastilina negra moldeamos un cono que sería el capirote, y también una especie de círculo en el que ensartamos cuatro limpiapipas naranjas, que eran las aspas del molino. Nos había quedado un poco raro, y enseguida entendimos por qué: habíamos puesto demasiada plastilina en el cono y no había para la puerta y las ventanas. Así que quitamos un poco e hicimos una puerta y tres ventanas circulares, dos delante y una atrás.
¡Quedó fantástico! A mi ahijado le encantó, y nos hicimos un montón de fotos sosteniendo el molino. Al final, le pintamos una cara con un rotulador blanco.
La sesión se acabó. Firmamos nuestras credenciales y los ahijados se fueron a su clase. El mío llevaba la pegatina, el cómic y el molino. ¡Estaba muy feliz! Y yo también, por supuesto.
He aprendido que esculpir con plastilina es muy fácil (tenía que recordarlo), y que crear es algo que está en los seres humanos desde que son pequeños y debería potenciarse, en vez de reprimirse y sustituirse por otras habilidades. También he descubierto que, desgraciadamente, las neuronas espejo funcionan demasiado bien: si estamos con niños creemos que somos niños, y a algunos les da por pintar en la pared.
12 de febrero de 2020
Aunque la sesión de hoy ha sido un poco más corta de lo habitual, igualmente la he disfrutado mucho, y Álvaro también.
Primero hemos charlado acerca de lo que ha ocurrido a lo largo de la semana. Le he preguntado dónde había puesto el molino que hicimos el miércoles pasado, y dice que en su habitación. ¡Me encanta que le haya gustado! Yo también me lo pasé muy bien haciéndolo.
Y ahora sí podíamos empezar con la actividad. ¡Mi ahijado traía un cuento del Quijote que le habían regalado por Reyes!
Y lo mejor era que estaba escrito en verso y tenía unos dibujos de lo más chulos. Nos lo hemos pasado muy bien viéndolos y comentando qué era lo que hacían los personajes en cada ocasión; y además nos gusta mucho Sancho Panza porque es muy gordo y el propio Don Quijote porque está un poco majara: es divertido ver cómo se choca contra los molinos (que supuestamente son gigantes) y cómo se cree que vive en un libro de caballerías. ¡Si hasta confunde a una campesina bastante fea con una princesa! Y se cree que una venta es un castillo, y que el dueño es el rey, y que un brujo malvado roba sus libros, y que un rebaño de ovejas son soldados que luchan en una batalla... ¡Qué cosas!
Como terminamos muy pronto (Álvaro es muy listo), firmamos las credenciales y nos dio tiempo a hacer un dibujo. Pinté a Don Quijote y le puse un bocadillo como pensando. Mi ahijado lo coloreó, y pintamos dentro del bocadillo las ensoñaciones del personaje: libros, diamantes, marañas negras y una caca (a raíz de una discusión que tuvimos en la mesa sobre partidos de fútbol). Como digo, todo muy divertido.
Cuando acabamos el dibujo ya era hora para los padrinos de irnos para clase, pero como habíamos olvidado el estandarte, Álvaro y tres de sus compañeros fueron con dos amigas y conmigo a por él. ¡Menuda carrera! Llegamos a la clase sin aliento, pero no importaba: ¡mi ahijado había ganado!
Y ahora el estandarte tiene también un molino de viento. ¡Puede girar sus aspas libremente! Espero que les guste mucho a los niños de Infantil.
He aprendido que las obras maestras son para todo el mundo, que no todos los niños disfrutan pintando y que, por desgracia, los fanatismos pueden separar a la gente desde muy temprana edad y tenemos que intentar ser tolerantes y empáticos para evitarlo.
19 de febrero de 2020
Aunque hoy íbamos a la clase de nuestros ahijados con mucha ilusión, estábamos un poco tristes porque iba a ser la última vez que los vamos a ver en mucho tiempo: ahora empieza el mes de trabajo duro correspondiente a los exámenes. Sin embargo, en mi desplazamiento no me olvidé de Prudencio y lo traje conmigo.
Prudencio es un peluche con forma de águila calva que se ha convertido en algo parecido a la mascota de la clase. Lo cogí y lo llevé a la clase de Infantil para que Álvaro lo viera. ¡La verdad es que le gustó mucho!
Pero el plan para hoy era otro. En primer lugar, los ahijados habían coloreado unos dibujos de los personajes de Don Quijote. Álvaro había pintado a Rucio de los colores del arco iris (para quien no lo sepa, Rucio era el asno de Sancho Panza). ¡Qué bonito le había quedado!
Después, los profes habían preparado un concurso para nosotros. ¡Incluso habían traído a otros maestros para que hicieran de jurado! Nos pusimos en grupos de cuatro o cinco ahijados con sus padrinos, y nos dieron un folio con diez preguntas sobre Don Quijote. Teníamos que rellenarlas atendiendo a la información del siguiente vídeo:
Aunque las había fáciles, algunas eran bastante complicadas, y en el grupo no nos poníamos de acuerdo sobre qué había dicho realmente el vídeo.
Pero ¡teníamos que ganar! Había un premio para el equipo que consiguiera acertar más respuestas: después de los exámenes, los padrinos podrán salir de clase en una hora, la que quieran, e ir a la cafetería con sus ahijados para disfrutar de un delicioso desayuno. ¡Todo pagado! Por supuesto que nos hacía ilusión.
¡Empezaba el concurso! No era nada fácil, porque después de que los profes enunciaran la pregunta, había que esperar a que dijeran "¡YA!" para levantar la mano (si lo hacíamos antes, estábamos descalificados), y solo podría responderla el que la alzara más rápido. También podía ser que la tuviera mal y que hubiera un rebote. ¡Qué difícil era todo!
Mi equipo consiguió un punto. Al final no fuimos los afortunados, aunque teníamos todas las respuestas bien, pero como el resto de equipos habían sido más rápidos...
Álvaro estaba un poquito triste, sobre todo porque teníamos a Prudencio, que se suponía que nos daba suerte, pero le dije que la próxima vez que nos viéramos le iba a traer chuches, que no pasaba nada y que todos éramos ganadores.
He aprendido que, aunque parezcan conformistas y maduros, los niños son sensibles a las injusticias y (también) quieren conseguir aquello que les hace ilusión; si no lo logran, se enfadan. He descubierto más cosas sobre Don Quijote, y en el fondo mi premio es tener un ahijado como Álvaro.





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